Primer acercamiento a Leo Mattioli

Leo Mattioli tenía toda una vida por delante. Murió el 7 de agosto de 2011 por una insuficiencia cardiaca, poco antes de cumplir los 39 años. La noche anterior a su fallecimiento en Necochea, había brindado su último  show en un local bailable de la provincia de Buenos Aires. Allegados al cantante reconocieron que Mattioli estaba bajo tratamiento y control cardiológico y ya había estado internado varias veces por afecciones de ese tipo.

Nació el 13 de agosto de 1972 en Santa Fe. A los 20 años, comenzó a cantar en el Grupo Trinidad, del que formó parte siete años, alcanzando rápidamente la fama y el reconocimiento. Comenzó su carrera solista a fines de 1999, siendo ya un ídolo popular.

Sus seguidores solían posicionarlo como “el más romántico” de la escena tropical. Sus letras era desgarradoras y sin eufemismos en materia sexual, con historias duras de abandono, de engaño, de triángulos amorosos: “Él tiene que saber / que nos revolcáramos en el amor / la noche entera y te gustaba como lo hacía yo, de mil maneras” dice una de sus canciones.

Leo sabía cómo hacer bailar y emocionar a su público. Muchos fanáticos lo seguían desde sus comienzos, pero también era reconocido y respetado por sus colegas, más allá de sus seguidores.

El León Santafesino había ya tenido una experiencia cercana a la muerte cuando  el 15 de enero de 2000 sobrevivió a un accidente automovilístico  que lo dejó en estado crítico, recuperándose luego de intervenciones quirúrgicas por tres meses. Ese incidente lo condenó a un consumo crónico de medicamentos sumado a su adicción al tabaco y excesos de la vida nocturna.

 Por este motivo, su figura comenzó a engordar, pero nunca perdió su estilo, tenía un particular gusto por el oro, que usaba en anillos, brazaletes y colgantes. Para no perder la excentricidad, construyó su casa en Santo Tomé, adornándola con leones de mampostería, para que todos supieran quien vivía ahí.

Leo es otro de los artistas de la música popular que fue alcanzado por una muerte prematura. Sin embargo, sus canciones van a seguir siendo recordadas y cantadas por miles de argentinos. A lo largo de los años, el cantante romántico editó varios discos, dejó una marca imborrable en su público y un latiguillo inconfundible en varias de sus canciones: “¡Ay amor!”.

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La Rubia Tarada, de SUMO, uno de los himnos de la banda, aún sigue sonando entre los fans de bandas que perpetuan la influencia del histórico grupo liderado por Luca Prodan.

Rodrigo Bueno

Ya pasaron once años desde que murió Rodrigo Bueno, un 24 de junio de 2000 cuando chocó con su camioneta. “El Potro” volvía de una presentación en la disco “El escándalo”, en donde había estado junto con sus amigos y sus fans festejando el éxito de los últimos años.

Rodrigo era la estrella del cuarteto de Córdoba junto con La mona Jiménez. Si bien se rumoreaba que entre ambos no había una buena relación debido a los celos de Jiménez por el éxito del más jóven, tras su muerte, el legendario cantante del bum bum, lo recordó en la siguiente entrevista.

N:-¿Cómo te pegó a vos en particular la muerte de Rodrigo?

Mona Jimenez:- Fue muy fuerte. Yo lo conozco a Rodrigo de chiquito, de cuando estaba en la panza de la Beatriz. Fui

amigo del papá. Cuando éramos solteros salíamos todos juntos. Me dejó muy mal, pero no salí a hablar porque ¿de qué iba a hablar? ¿De que se haya muerto un pendejo con tantas ganas de vivir? Y toda esa gente saliendo a pelear para ver quién era más amigo de él; bueno, yo no me iba a prender en esas pelotudeces.

N:- ¿Pero ustedes estaban o no peleados? –

Mona Jimenez:- Hay que dejarlo descansar en paz. En un baile, al terminar una canción dije: Este beso y un aplauso para Rodrigo. Y no se hable más la cosa, porque si no le estamos haciendo un daño al alma de él.

Notero:- ¿Sentís que Rodrigo alcanzó algo que vos no pudiste lograr?

Mona Jimenez:- El boom con Rodrigo empezó cuando lo llevaron en el verano a Mar del Plata y ahí el loco la pega y empieza a ir a la tele y la sigue pegando. Hace 12 años, cuando yo metí Quién se ha tomado todo el vino en Buenos Aires, fue algo parecido. Toqué en el Luna Park, en Cemento, en Atlanta, y ahí me pidieron que fuera la semana siguiente. Yo dije: Ya vuelvo. Me vine a Córdoba y no volví. Porque allá, con todo el respeto que se merecen, uno es tomado medio como paisanito. Yo me siento cabecita negra todavía. Es como que Buenos Aires te chupara muy mucho. Los del interior somos todavía de las divisiones inferiores. Hay que conocer el código de Buenos Aires. Era muy grosso, pero también era muy peligroso quedarse allá.

Alguien me preguntó: - ¿Qué es SUMO? . Es una pregunta estúpida… Es como preguntar, ¿Qué es tu zapato? ¿Qué carajo respondés?. Entonces yo le dije: - SUMO es algo que hace tu abuela cuando no tiene nada que pensar. (Luca Prodan)

SANDRO DE AMERICA

Roberto Sánchez, más conocido por su seudónimo artístico Sandro, fue un destacado cantautor argentino de balada romántica y música rock y pop en castellano, famoso en todo el continente. Incursionó en múltiples oportunidades en cine, como actor protagonista e incluso como director. Fue uno de los fundadores del rock en castellano. Publicó 52 álbumes originales y vendió 8 millones de copias, aunque hay fuentes que las elevan hasta 22 millones. Algunos de sus éxitos son “Dame fuego”, “Rosa, Rosa”, “Quiero llenarme de ti”, “Penumbras”, entre otros. Su tema “Rosa, Rosa” vendió 2 millones de discos, siendo su obra más famosa. Asimismo, su tema “Tengo” ha sido considerado el n.º 15 entre los 100 mejores temas del rock argentino, por la cadena MTV y la revista Rolling Stone. Realizó 16 películas y ue el primer latinoamericano en cantar en el Madison Square Garden.

Nacido en el barrio de Parque Patricios, un 19 de agosto de 1945, vivió toda su adolescencia en Valentin Alsina, antes de comprar una mansión ubicada en la zona residencial de Banfield. Sandro recogió la herencia húngara de su abuelo paterno asumiendo el sobrenombre de Gitano.

Su pasión por la música nació desde niño. Como muchos otros adolescentes y preadolescentes argentinos, fue irresistiblemente atraído por Elvis Presley, desde sus inicios en 1955-1957, a quien comenzó a imitar en el último año de la escuela primaria.

En 1961 Sandro formo el grupo Los de Fuego, dedicándose exclusivamente a su rol de cantante líder. Comenzaron haciendo versiones de los temas clásicos del rock anglosajón, en idioma castellano de artistas y grupos como The Beatles, Elvis Presley, Rolling Stones, etc. Sandro se vestía y se movía «a lo Elvis» y esos movimientos escénicos levantaron todo tipo de polémica. Fue llamado entonces «el Elvis criollo» o «el Elvis latino». Sandro hacía que sus seguidores imitaran sus movimientos frenéticos, y sobre todo que sus seguidoras, gritaran, lloraran y se desmayaran.

A fines de la década del 60 Sandro empezó a cambiar radicalmente su estilo, abandonando el rock and roll clásico en castellano, para diseñar un repertorio más popular, siendo uno de los pioneros de la balada romántica latinoamericana, derivada del bolero, que se convertiría en el género pop latino por excelencia en la siguientes décadas. Las fanáticas de Sandro (sus «nenas») llegaron a ser tan importantes como él mismo, devolviendo en sus presentaciones un clima de desenfreno y sexualidad.

Entre tantos homenajes y premios recibio: Premio Carlos Gardel de Oro, en la primera edición del premio de 2005; consiguió el Premio Konex de Platino al mejor solista masculino de pop/balada de la década; en Los Ángeles le hicieron un homenaje y le otorgaron el Premio Grammy Latino por su excelencia musical como cantautor y actor y por su trayectoria artística.

En 1998, a los 53 años, se supo que Sandro padecía un enfisema pulmonar crónico ocasionado por décadas de adicción al tabaco, lo llevó a alejarse de los escenarios.

En el año 2009 se le practicó en ciudad de Mendoza, un doble trasplante de corazón y de pulmones. La operación concluyó en forma exitosa. Sin embargo, aparecieron algunas complicaciones delicadas durante el proceso de adaptación a los implantes y en diciembre, hubo que realizarle una nueva intervención quirúrgica. Sandro no pudo superar el progreso de su sepsis generalizada y falleció en el Hospital Italiano de Mendoza por un “shock séptico”. Más de 50 mil personas lo despidieron en el Congreso, llegándose a formar más de 13 cuadras de fila. Más de 100 mil personas acompañaron su cortejo fúnebre.

“Muere a los 64 años el cantante Sandro, el Elvis argentino”: así titularon los importantes diarios estadounidenses The New York Times y The Washington Post las ediciones electrónicas del 5 de enero de 2010 con la noticia de la muerte del cantante.

Con una fama que se extendió por todo el mundo, se convirtió en ídolo y representante del continente, conocido con el nombre de su noveno álbum, Sandro de América.

Lo mas grande que hay

Cuando se recuerda a Pappo es fácil pensar en un hombre de cabellera sucia y desprolija que atraviesa la ruta 66 montado a una moto de tamaño XL. O en un metalero rústico y borracho, que escapó de una caverna con el fin de romper tímpanos con una guitarra demoníaca. Porque “El Carpo” –como dicen sus seguidores- “murió en su ley”, aquel 25 de febrero de 2005. Pero la bestia del rock también tuvo su costado de  peluche doméstico: sus anécdotas revelan a Norbertito Napolitano como un eterno enamorado de su mamá y un romántico de las tradiciones familiares.

Cuentan los músicos que compartieron giras con él, que a la hora del almuerzo la camioneta se detenía en un restaurante y bajaba todo el staff menos Pappo. Él tenía sus tapers llenos de milanesas maternas, y ese era el único elemento de su dieta. “Se las devoraba como si fueran galletitas. Era cómico ver como semejante bestia hambrienta se metía esas milanesitas de a dos en la boca”, recuerda Juanse, ex Ratones Paranoicos.

Quién también tuvo la oportunidad de ver la faceta menos conocida del Carpo fue un periodista de Rolling Stone, que acordó una entrevista en la casa de Pappo, o más bien, en la casa de su madre (la más frecuentada sede dentro de su nomadismo). La anécdota revela que el periodista en cuestión –temeroso de cómo podía resultar la cita- pensó en llevar dos cajones de cervezas para aflojar a la bestia. Cuando llegó a la casa en el barrio de la Paternal, Pappo seguía roncando a tres voces, ignorando que para el resto del mundo ya eran las seis de la tarde. Abrió la puerta en calzones y volvió a la cama para responder las preguntas desde ahí. La sorpresa fue grata al ver semejante cantidad de cervezas, tanto que él mismo se encargó de que no duraran más de una hora llenas. La entrevista estaba saliendo bien, Pappo estaba de buen humor, pero el ambiente de armonía se quebró con el sonido de las llaves en la puerta de calle de la casa. Y ahora sí, fue Norbertito el que saltó desesperado de la cama y le suplicó a su entrevistador que lo ayudara a esconder todos los envases y tirar desodorante. “Es mi vieja, que no sabe que tomo”, fue la explicación que ofreció el grandulón de cuatro décadas.

Pappo nació el 10 de marzo de 1950 en esa misma casa, sobre la calle Artigas casi esquina Camarones, y nunca se alejó del barrio a pesar de su vertical ascenso en las esferas del rock, que lo llevaron a tocar en Nueva York con el mítico blusero BB King. Los vecinos lo solían ver sentado con una reposera en la vereda, y hasta se lo llegó a encontrar dando una mano con la parrilla en un local al que solía ir a comer, un día que había faltado el maestro parrillero. Pappo no se hacía problemas para sacarse la remera y ponerse a  cocinar chorizos, mollejas, vacío y tiras de asado, aún ya siendo un músico consagrado.

Lejos del héroe salvaje del rock, del pogo, de ese ser misántropo que no le importa nada y que choca a un colectivero con un auto diez veces más pequeño “para hacer justicia social”; está este otro Pappo, que no tuvo que imaginar demasiado para escribir su histórico hit “Mi vieja”, sino más bien cerrar la puerta y mirar un poco hacia adentro.